PORNOhablARTE
el hijo díscolo que los tiempos aquí descritos
y sigue siendo tan tan vasto que da casi pereza

Hoy hablaré de mi, por innovar un poco.

Idea cuasi factible para una performance improvisada:
Una vez un buen amigo me envió una carta que me gusto muchísimo. Aquella carta me gustaba no sólo por todo aquello que contaba –pues es un amigo al que quiero y de cuya conversación disfruto–, sino también por lo original que era la estructura de su relato. Mi amigo, que tenía muchas cosas que contarme, utilizó un recurso narrativo fantástico para relatarme en aquella carta el mayor número de historias posibles pero dejándome saber, a la vez, que una carta era espacio insuficiente para albergar las infinitas historias que desearía compartir conmigo. Su carta comenzaba así:
Comenzaré con aquello que por obvio no desmerece su aparición: Gracias por tu carta. A partir de aquí surgen muchas cartas posibles que no tendré tiempo de escribir.
En una comento ese tremendo artículo […]
En otra carta te hablo de amor […]
En otra te cuento de Cristian […]
En una cuarta, repaso tu carta […]»
Pues bien, me sucede a mí algo así como a mi amigo. Estaba yo en casa pensando que ya era hora de colaborar de nuevo en el blog de Juanjo. Me puse a pensar en algo sobre lo que me apeteciera escribir y, sobre todo, algo digno de compartir con ustedes:
«Tal vez podría lanzarme a escribir de una vez ese relato imposible que un día imaginé, cuya particularidad era la de estar compuesto únicamente por lugares comunes y cuya primera frase iba a ser a riesgo de ser impopular, esa colaboración sería un éxito. O tal vez aún no fuera demasiado tarde para escribir la crónica de mi Viaje a Alicante y desvelar el mito Alicante y Málaga, esas hermanas. O, tal vez, lo que debiera hacer es decir qué cojones opino de la máquina expendedora de libros. Tal vez sería mejor realizar ese ejercicio de estilo cuyo título iba a ser “Ejercicio de estilo” y que, inspirada en una entrevista a Borges, tendría como reto la escritura de un relato cuya forma huyera de artificios, adornos, ingenio e ironía que, explicaba con una lucidez infinita Borges, hoy son casi intrínsecos a nosotros, jóvenes, y que lo único que hacen es protegernos de la vergüenza de mostrar nuestras ideas aún inmaduras de las que nos sentimos inseguros –y aquí, precisamente aquí, aprovecho para felicitar a mi brillante amiga y ensayista Diana–. O tal vez debiera atreverme con ese gran reto: lanzarme a escribir el ensayo que soñé sobre Kilo Veneno versus David Lynch: dos genios capaces de expresar el mundo. Ya veré.»
Entonces, justo cuando iba a decidirme por uno de ellos, me di cuenta de que había aprendido algo.
expulsado de palacio nadie pertenece a estos muros
Engullida por bocas abiertas que deseaban cerrar puertas regurgitadas desde estómagos nerviosos enjugados tras el bolo alimenticio que sintetizado alcanza la testa y permite respirar a todos los ojos inyectados que no dan crédito y viven de anuncios loquo donde agazápanse inmobiliarias agonizantes derruidas por las burbujas que cubren tus muslos cada vez que retomas un baño de sales hipoalergénicas porque -y seré causal- ya es demasiada primavera para recordar la existencia de aquella bufanda que propiciaba la así llamada decencia en el vestir y dirás que subordino demasiado mientras caes en espiral y es que vivo con la casa a cuestas sin alcanzar un cuarto de la relevancia suprema de tu par de tetas enmarcadas en ese tremendo escote que pide a gritos el advenimiento del orgasmo. Para resumir ya están los albañiles.